Cubillas de Cerrato

Bitácora personal sobre Cubillas de Cerrato

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23/9/06

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Quiero volver a pasar el arroyo y sentir frío de saber dónde entro. Luego, aparcar y de inmediato sentarme en el poyo. En la calle no hay pavimento ni luz por la noche. Nadie lo necesita, ni lo uno ni lo otro. Sentarme en el poyo y ver las colinas blancas que suben hacia el sur camino de Piña. Luego recorrer los caminos con la vista, contar las palomas, recordar los abejarucos y los vencejos. Seguramente esté mi amiga dando qué hacer al palomo. Y el horizonte plano. Plano como una mano , como la vida de una persona, plano.
Después apetece un trago.
Vamos a casa.

A un mes de la fiesta.



A un mes de la fiesta uno recoge las fotos y se siente bien. Ya se purgaron con rigor los excesos del momento, y ya está.
Que este año han sido diferentes lo sabemos los que estuvimos. No dejo de sorprenderme por los campos del Cerrato. Pero 150 marchadores en bici y andando, no salen de dejabo las piedras. Ni las ganas de andarla, ni las ganas de encontrarse, porque se trata de eso: Hay ganas de encontrarse en Cubillas de Cerrato. Que se entere la gente, especialmente sus nativos.


La parrillada, la soga, los bolos, las balas y las madres que lo parieron. Verdad que fueron diferentes: hasta el sermón del cura paisano fue dulce, con sabor a vino.


A ello.